ESTEREOTIPOS EN LA UNIVERSIDAD.

Las iniciativas de finales del siglo XX que denunciaban la brecha de género ha tenido como resultado una nueva presencia de las mujeres en espacios ocupados tradicionalmente por hombres. Aunque actualmente cada vez sean más las mujeres que estudian, las que trabajan o las que ocupan puestos de responsabilidad en las empresas, aún sigue habiendo ciertos «guetos femeninos», sobre todo en determinadas áreas como la universitario y los estudios. La profesora de la Universidad Pontificia Comillas, María José Martín Rodrigo, se propuso confirmar si es verdad (o no) que existe una brecha a la hora de elegir los itinerarios universitarios y la influencia que tienen en esa elección los estereotipos. Algunos de sus resultados son llamativos: ellos estudian ingenierías, informática y electrónica, pero ellas tienen las mejores notas en esos ámbitos.

Según el estudio, titulado Influencia de los estereotipos de género en la elección de estudios universitarios, las mujeres eligen áreas de sanidad, educación, ciencias sociales y jurídicas y humanidades. Esta diferencia es la que explica que los hombres hayan salido más empoderados y que conquisten el poder en los espacios públicos (ciencia, tecnología, etc.). La profesora Martín explica cómo los estereotipos de género condicionan tanto a los hombres como a las mujeres y explican esta tendencia a inclinarse por un tipo de estudios u otro. «Los hombres también son protagonistas y afectados, porque los estereotipos nos determinan a nosotras y también a ellos. Ellos han salido en mejor posición pero están condicionados por unas determinadas exigencias que también les pasan factura. Se trata de conjugarnos y jugar juntos en el espacio en el que las reglas del juego son las mismas para unos y para los otros, en el que elegimos con normalidad».

Martín también desmonta el mito inculcado de que los hombres son mejores en ciencias y las mujeres en humanidades. «Hay estudios que parten de la premisa de que las mujeres tienen otras capacidades, pero he encontrado que las chicas en esos estudios sacan mejores notas, en cálculo y ecuaciones diferenciales, por ejemplo, lo que contradice la teoría biologista de que somos diferentes: no somos iguales pero tenemos la misma posibilidad de alcanzar unos determinados objetivos», añade.

Para explicar entonces por qué hay determinados sectores donde solo hay chicos y otros donde predominan las chicas, Martín reconoce que el futuro las condiciona (sobre todo a ellas). «Yo no elijo porque a mí me guste sino que elegimos por la proyección que podamos tener y conjugar con nuestra vida, con la posibilidad de construir un núcleo familiar», razona. De los hombre que estudian ingenierías o telecomunicaciones, el 71 por ciento acaba trabajando en ese ámbito, pero de las mujeres, en cambio, solo el 43. «Porque es un sector que no invita al equilibrio entre la vida familiar y laboral, es difícil escalar», explica la profesora. Aquí es donde entra en juego el papel de cada empresa y las posibilidades que ofrecen a sus empleados.

A la hora de destruir estos estereotipos que condicionan el futuro, tanto de las chicas como de los chicos, tienen vital importancia los primeros años y la familia. «Los progenitores tratan a los niños de manera diferente en virtud de su sexo y proyectan expectativas en ellos según su género», señala el estudio. «Según eliges los recursos educativos para tus hijos, los juguetes, lecturas, las actividades extraescolares, están condicionando unos intereses u otros, y hay que tener conciencia y ofrecer un abanico amplio donde nuestros hijos elijan», añade.